Por: G.A. Arboleda, especial para Feria de Cali .com
El mes de diciembre de 2009 señaló los cuarenta años de las presentaciones de Richie Ray y Bobby Cruz en la Caseta Panamericana, en 1969.1 Las presentaciones de la Caseta Panamericana son generalmente reconocidas como uno de los hitos más importantes en la historia de la música salsa en Cali. En efecto, ellas han quedado grabadas en la memoria musical caleña como una página aparte, una que dice que fue ese el momento cuando Cali se rev(b)eló formalmente como una ciudad salsera. Estas presentaciones fueron el ritual de paso, ese ritual de confirmación de que Cali tenía algo diferente, especial por este tipo de música. Fueron el momento en que ese romance con una música extraña, muy lejana entonces, muy acelerada entonces, muy incomprensible entonces, ese romance con un amor inconveniente se manifestó públicamente, desafiantemente. La opinión pública nacional sería el sacerdote que sellaría el matrimonio entre Cali y la música antillana, como quiera que—cuenta el crítico musical Rafael Quintero—entonces la prensa de Bogotá lo anunciaba con grandes titulares: "El boogaloo se toma a Cali."
Las presentaciones de la Caseta Panamericana han quedado descritas en varias fuentes. Entre las más importantes están la prensa de la época, la novela de Andrés Caicedo, y el libro "La Salsa en Cali," de Alejandro Ulloa. Por esas descripciones uno se puede imaginar cómo fueron. Richie y Bobby tocaban para un público abarrotado en una caseta o estructura temporal. Sin embargo, ellos no eran los únicos en la caseta, sino que eran parte de un elenco que incluía músicos de otras músicas menos del afecto de los salseros. Entre ellos estaban Los Graduados, de "El Loco" Gustavo Quintero. Por otro lado, la asistencia a la caseta era costosa. Y había entre el público gente a la que le gustaba el espectáculo de Richie y Bobby; eran los más jóvenes, las minorías, y la clase obrera. Pero había también gente que lo detestaba, aquellos de las clases más pudientes y conservadoras. De estos últimos era de los que más había en la caseta.
Mirándolas objetivamente, se puede alegar que estas presentaciones no fueron nada radicalmente importante. Una presentación musical, simplemente. Pero Woodstock también fue "simplemente" una presentación musical. Y antes de que la indignación general se levante, reconocemos que es absurdo comparar las presentaciones de Richie Ray y Bobby Cruz en Cali con Woodstock, en Nueva York. La comparación sin embargo no es del todo absurda en el sentimiento de los caleños. Estas presentaciones fueron, simbólicamente, el Woodstock de los salseros caleños. Woodstock fue el momento que cambió la historia del rock and roll, haciendo evidente que el rock era un movimiento, más que simplemente una música, y que como movimiento era algo sólido y multitudinario. Guardando las debidas proporciones, exactamente lo mismo hicieron por la salsa en Cali las presentaciones de Richie y Bobby, que por cierto se celebraron apenas cuatro meses después de que se celebrara el festival de Woodstock.
Un evento dramático
Como un evento histórico en la memoria musical de Cali, las presentaciones de la Caseta Panamericana tienen algo más, y es un ingrediente dramático, dramático en el sentido de drama, de teatro del absurdo, pero también de cierto dolor y nostalgia. La presencia de Richie y Bobby en Cali es como una memoria que se desvanece, y de la que todos se aferran casi con desesperación. En Cali por décadas se ha hablado mucho de estas presentaciones. Todos recuerdan la fecha. Sin embargo, a nadie se le escucha normalmente decir "yo estuve allí."
Y la razón de esto es que, en efecto, nadie o casi nadie estuvo allí, nadie de quienes ahora se interesan por esas presentaciones desde una perspectiva cultural, la de los melómanos. Eran muy jóvenes entonces, y/o no tenían la capacidad económica para asistir. Las casetas de la Feria eran para cierto tipo de gente, los más pudientes o aquellos que estuvieran dispuestos a gastarse sus ahorros en una presentación musical. Como fenómeno esto es muy interesante, porque alguien, en Cali, en 1968, tuvo la idea de traer a Richie Ray y Bobbie Cruz conociendo que eran importantes para esta ciudad. Pero ellos no eran importantes para la gente que podía pagar para verlos. La gente que pagó por verlos estuvo allí para ver a otros músicos, de otras músicas. El cumbión, el porro, el merecumbé, músicas por lo general simples, de ritmo fácil, sencillas de bailar. La música de Richie y Bobby era demasiado violenta para este público. Era compleja, incomprensible, alborotada, rara. El evento pasó, si no desapercibido para ellos, al menos sí como algo a olvidar. Cuenta el académico Alejandro Ulloa que, alineándose con estos asistentes, el diario local Occidente decretó en una nota el triunfo de estas músicas sobre el boogaloo y sobre aquellos que el periódico llamó sansómanos (equivocadamente por salsómanos).
Así pues, para los melómanos y en términos prácticos, es como si el evento no hubiera ocurrido en la realidad, sino en un mundo de ficción. El drama de la memoria sobre este evento es expresado mejor que nadie por Andrés Caicedo, el malogrado escritor caleño. En "Que Viva la Música," Rubén Paces, personaje de la novela, sí fue a una de las presentaciones, la de diciembre 26 de 1969.2 Caicedo relata en detalle cómo Rubén y sus amigos llegan ese día a la Caseta Panamericana, qué gran cantidad de gente encuentran ("no cabía un alma, pero ellos llevaban extraviada el alma, así que encontrarían campo," dice el autor). Además, cómo escuchan desde afuera lo que está sonando dentro de la caseta, cómo hacen la fila para entrar, cómo Rubén después estaría seguro de haber sido el espectador número 1001 en pasar por el torno de entrada, y, finalmente, qué se encuentran en la caseta justo después de entrar.
Una vez adentro, sin embargo, Rubén se olvida de todo. Entra en una "traba" de drogas de la que solo sale al otro día cuando sus amigos le recuerdan de su hazaña: Se abrió paso entre la mucha gente, lentamente, hasta lograr ubicarse justo al frente de la tarima. Allí, no solamente Bobby Cruz lo llamó para que subiera al escenario, sino que le extendió su mano, y también le dedicó un par de canciones. En la novela, Caicedo ficcionaliza que la célebre improvisación "Adónde está Rubén," que aparece en el álbum "Fania All Stars Live at Cheetah" fue hecha para el Rubén Paces de su historia, y que esta improvisación describe el momento en el que Richie y Bobby están llamando a Rubén a la tarima: "Que suba Rubén. Adónde está Rubén, adónde está!"3
Rubén no recuerda nada de este momento, algo que sus amigos encuentran incomprensible. Cómo no poderse uno acordar del momento más importante de toda su existencia? El no poder recordar se convierte en la desgracia de la vida de Rubén. En su trabajo como "discómano" de fiestas (el "DJ" de hoy por hoy) cada vez que la rumba llega a su clímax a Rubén se le viene un vómito oscuro. Es como que con el vómito le viene la esperanza de que se va a reconectar con el momento del olvido. Que el vómito va a subir de las puras entrañas de Rubén todo ese recuerdo perdido, escondido, entreverado en ellas.
El absurdo
Lo más contradictorio en este drama, sin embargo, es que la historia de Rubén ocurrió en la realidad, pero al revés. Hace unos pocos años, en una de las relativamente pocas ocasiones en que Richie Ray y Bobby Cruz regresaron a Cali después de 1969, fueron abordados por una periodista del diario "El País," quien les preguntó por las legendarias presentaciones en la Caseta Panamericana. Ellos confesaron que durante esas giras habían estado tan "trabados" que no recordaban nada…
Si ni público ni artistas recuerdan un evento, qué queda entonces de el? Nos queda la memoria, con sus trucos, sus ambivalencias, su maestría en embellecer el pasado con toques de artisticidad, y convertirlo en respaldo firme, en motor que pone a andar el futuro. Las presentaciones de la Caseta Panamericana están allí, animándonos, diciendo que sí, que Cali sí tiene algo especial por esta música. Que es un amor que se formó en la magia, pero que no desaparece. No es el truco de la moda pasajera y frívola sino que va a estar aquí por cuarenta, ochenta, por muchos años más. Y, ficción o realidad, no lo vamos a dejar. No lo vamos a olvidar…
Notas
1. Estas serían las últimas de un par de años históricos que cerrarían un ciclo de visitas de estos músicos, mismos que no se volverían a presentar por más de tres décadas en la Feria de Cali.
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2. Por una coincidencia muy particular, exactamente 40 años después de ese 26 de diciembre de 1969 se realizó en Cali un concierto de una magnitud similar al de Richie Ray y Bobby Cruz, similar por el nivel de los músicos que estuvieron en tarima: Eddie Palmieri, Jimmy Bosh, Nelson González, El Pequeño Johnny, Karen Joseph, Herman Olivera, Bryan Lynch, Conrad Herwig…
Sin embargo, nadie entre los presentadores del concierto de Palmieri y La Perfecta II pareció notar la coincidencia, y el hecho de que con este concierto se estaba celebrando por casualidad un aniversario importante… Volver al artículo.
3. En realidad, dice el propio sello Fania, estaban llamando a un bailarín llamado Rubén Santiago durante esa histórica presentación de la Fania All Stars en el Cheetah Club, en Agosto 21 de 1971. Volver al artículo.