Cuando el alcalde de la ciudad Helmes Ortiz leyó el bando que abría la Quinta Feria de Cali, el ambiente se impregnó con las notas de una canción colombiana del maestro Wilson Choperena “La pollera colorá”, que desplazó por la época a los maestros de la Sonora Matancera y demás ritmos internacionales.
No hubo necesidad de concurso, en la radio y en todas las orquestas este fue el disco de la Feria.
Se bailaba con igual frenesí en los clubes sociales o en las casetas más humildes y la gente no sólo bailaba sino que entonaba la canción y la acompañaba con las palmas de las manos
Y estuvieron en Cali las estrellas del hermoso Ballet de Méjico, los Alegres del Trópico; Valencia y sus vallenatos, el conjunto Playa Sonora, Tony Quiroga y sus Pelayeros, Alberto Granados, Tito Cortés y el Cuarteto de Tartarín Moreira, del Brasil.
Fue indiscutiblemente la Feria de la Belleza. Todo comenzó con la coronación de la Reina de los Barrios, Sara Eva Schwartzman, una linda rubia del Barrio La Campiña, que superó ante el juicio crítico del jurado a otra dos beldades: Doris Aguilar, del Barrio Alfonso López y Luz Mila Rodríguez, del Barrio Panamericano.
En cuanto al Reinado Internacional de la Caña de Azúcar, contó con la presencia de once candidatas. Ganó la norteamericana Carolyn Lee.
Apareció este año la gran caseta Matecaña, de Alvaro Cajiao, con uno de los mejores animadores de todos los tiempos Sadi Rojas, espectacular en el micrófono. En esta caseta se cumplió la presentación de Tony Quiroga y sus Pelayeros, para rendir un homenaje al maestro Cresencio Salcedo, autor del “Año viejo”, “La Múcura” y “Mi Cafetal”, entre otras obras cumbres del folclor colombiano, quien fue invitado de honor por la dirección del evento. Hubo otras casetas como la Tumbason, Paraíso, Narabo y Calivea.
Una de las novedades de la feria fue la presencia en Cali de la Banda de la Universidad de Pardue, de Indiana Estados Unidos, con sus 60 integrantes.
La gran atracción taurina en esta feria fue Santiago Martín “El Viti”, diestro de Vitigudino, España, quien colmó los afectos de los ortodoxos del toreo, pero el trofeo “Señor de los Cristales” fue esta vez para Joselillo de Colombia, el gran torero de la tierra.